jueves, 17 de agosto de 2017

Llega la nieve a patagonia chilena

Llega la nieve a Patagonia y hay que resguardar la animalada.






Gaucho magallánico chileno

Rolando Rojel Ortega, por ahí por los años 80, gaucho magallánico de oficio arriero. El fabricaba sus propias corraleras (chaleco de cuero) siempre fue muy buen talabartero. El cinto o tirador que lleva en la cintura le salvo la vida una vez que un paisano le disparó por la espalda. La bala le entro a nivel de la cadera y las seis capas de cuero del cinto, más lo que llevaba adentro, amortiguaron la velocidad del proyectil, sino no cuenta el cuento. El amigo todavía tiene la bala alojada, porque los doctores no se la pudieron extraer. Sin embargo nunca se le a escuchado quejarse de nada.
Crecido en el lomo de los caballos, jamás se acostumbró con las monturas de bastos. De por vida usando cangallas sureñas. El mismo fabricaba los lomillos y todos los aperos.



martes, 15 de agosto de 2017

El Bandolero Tempranillo.


José María Hinojosa Cobacho nació en Jauja, pequeña aldea de la pedanía de Lucena (Córdoba), en junio del año 1805. Nació tal vez un día 21 o quizás un 24, pero lo seguro es que lo hizo rodeado por la hambruna de un país desolado por el analfabetismo y la pobreza. Sus padres, Juan y María, humildes y jornaleros, trabajaban de sol a sol en las tierras de un señorío cordobés. Por ello José María, desde muy pequeño, supo de la dureza del campo y los sinsabores de una vida llena de sudor, esfuerzo, dolor y escarnio.
Pero la vida del joven José María daría un repentino y brusco cambio el día 29 de septiembre de 1820 cuando se encontraba en plena romería de San Miguel, ante decenas de personas las navajas de dos hombres chocaron con estrépito junto a la hermita de los Montes. En pocos segundos, sobre un charco de sangre yacía el cadáver de un hombre asesinado.
Su joven verdugo, por cuyas manos resbalaba aún la sangre caliente de su víctima, subió a lomos de un caballo y salió al galope buscando refugio en los montes de Sierra Morena. La pena capital sería su castigo de resultar apresado.Sus ojos grises manaban furia y abrasador brillo y a pesar de contar con tan sólo 15 años de edad, José María Pelagio Hinojosa Cobacho, mientras cabalgaba enfurecido a lomos de su caballo, comenzó a escribir el primer capítulo de su corta e intensa vida como bandolero, y dictó con sangre el prólogo de sus hazañas y fechorías bajo el nombre del Tempranillo.
Del motivo por el cual José María asesinó aquel hombre poco o nada se sabe. Son tres las versiones que sus biógrafos contemplan como plausibles, pero las tres coinciden en que se batió en duelo para vengar una grave afrenta personal. Unos dicen que su madre fue ultrajada, otros, que vengó y mató al asesino de su padre. Pero la más popular, quizás por sus tintes románticos, cuenta que fue una joven muchacha a la que amaba la que sufrió escarnio y vergüenza por fuerza de aquel hombre y, para defender su honor, José María se enfrascó en la riña que terminó con la vida del desdichado. Con tan sólo 15 años de edad se adentró en los montes cordobeses para escapar de la justicia y así salvar su vida.
Con estos hechos delictivos nacía una de las grandes leyendas españolas del siglo XIX que terminaría evocando toda una época de hazañas románticas alrededor del bandolerismo asentado en las sierras españolas, y que tanto dieron que hablar en España y en toda Europa. Tirado en el monte pronto supo defenderse y sobrevivir, uniéndose enseguida a la banda de los siete niños de Écija ejerciendo el pillaje y el contrabando.
Su capacidad de liderazgo y su carácter sobrio y decidido en breve le sirvió para ganarse el respeto de los miembros de la banda que le pusieron por nombre el Tempranillo, supuestamente por la precocidad con la que comenzó a evadir la justicia y a delinquir.
En la banda de los siete niños de Écija se encontraban hombres capaces de cualquier cosa.Entre ellos estaba José Ulloa, más conocido como el Tragabuches, aficionado novillero que tras un percance con su caballo en el que resultó herido, volvió antes de lo previsto a su casa encontrándose a su mujer con su amante. Sin mediar palabra, y a pesar de tener inmovilizado un brazo, estranguló al hombre y degolló a su mujer en el acto, huyendo a continuación hacia la sierra para esconderse de la justicia..
Pasado un tiempo José María se dio cuenta de que no era hombre de aguantar órdenes de nadie, y con 18 años de edad, formó su propia banda de delincuentes, con la que se lanzó al delicado y nada fácil oficio de asaltar carruajes y diligencias por los desamparados y polvorientos caminos de las serranías andaluzas..
Su quehacer convicto pronto fue reconocido. Al ensañarse sobretodo con los carruajes de la hacienda del reino, la merma en las arcas del rey Fernado VII comenzó a ser tan sustanciosa que el monarca decidió poner cerco al cada vez más incómodo Tempranillo enviando tras las huellas del bandolero la élite de su soldadesca, los Migueletes..
Los asaltos a las diligencias eran previamente estudiados por José María quién, con tan sólo 20 años, ya contaba entre las filas de su banda con más de 20 hombres bien armados y que le obedecían incondicionalmente, todos ellos mayores que él. José María era un hombre de pequeña estatura pero de constitución robusta. De él se dice poseía una profunda y enigmática mirada que poseía el don de traspasar el alma de la gente.A parte de sus 50 hombres bien pertrechados y temibles, José María contaba con una excelente red de espionaje por toda Andalucía que le detallaba las rutas de los carruajes de la hacienda del reino..
Bajaba asiduamente a los pueblos para ayudar a los más necesitados y ofrecerse como guardián de su seguridad. La leyenda del Tempranillo recorrió los cuatro puntos cardinales de la península ibérica erigiéndose como defensor de las libertades del pueblo llano, lo que sirvió para que escritores y artistas de reconocido prestigio buscasen al héroe de Sierra Morena.
Prooper Mérimée haciéndose eco del sentir popular escribió la famosa frase:
En España manda el rey, pero en Sierra Morena manda el Tempranillo. 
También el escritor y arqueólogo Francés narró la picardía y buenas formas del Tempranillo en textos como este:
Ah, señora, una mano tan bella no necesita adornos. Y mientras desliza la sortija fuera del dedo, besa la mano de un modo capaz de hacer creer, según la expresión de una dama española, que el beso tenía más valor que la sortija. 
También escribieron sobre José María autores como Theophile Gautier, Astolphe Custine, y la viajera y escritora francesa Valérie Gasparin, quién recorrió España a mediados del XIX y escribió sobre las bondades del Tempranillo como demuestra esta frase:
Líbrese usted de creer que el capitán amansara tesoros. Lo que recibía o tomaba, sus manos lo distribuían inmediatamente.. 
Del valor y la fortaleza del Tempranillo nos cuenta lo siguiente Richard Ford:
La mano izquierda la tenía destrozada por habérsele descargado una pistola accidentalmente y haber tenido que curarse a sí mismo durante veinticinco días, pasados siempre a caballo.. 
El Tempranillo se casó con una bella gaditana de Torre Alháquime llamada María Gerónima Francés. Junto a ella viviría uno de los episodios más trágicos de su vida en un cortijo de Grazalema un 6 de enero de 1832.Su joven esposa estaba a punto de dar a luz.
Los Migueletes, que no perseveraban en abatir al bandolero, cercaron el cortijo poniendo en serios apuros a José María. Los hombres del rey no sabían si el bandolero estaba solo o junto a su banda, lo que les llevó a tener prudencia y esperar acontecimientos. En aquella terrible situación, acorraladoy sin salida, María Gerónima se puso de parto en el momento preciso en el que comenzó el intercambio de disparos. Durante un largo rato el fuego cruzado chasqueó los muros del cortijo, y entre disparo y disparo, el llanto de un niño quebró el aire y mojó la pólvora. María Gerónima había dado a luz un niño, pero perdió la vida tumbada bajo un tremendo charco de sangre.
Sumido en un trance de odio y desesperación José María cogió el cuerpo de su hijo y el de su mujer y montó su caballo, embistiendo al galope las filas de los Migueletes que, cogidos por sorpresa, vieron cómo el bandolero evadía el cerco sin ser abatido.
A la mañana siguiente el Tempranillo bajó al pueblo acompañado de los hombres de su partida. El pueblo de Grazalema se temió lo peor. Las fuerzas del orden se encontraban allí y todo indicaba que José María quisiera tomarse justa venganza. Pero nada de esto ocurrió. Entregó el cuerpo de su amada mujer a sus padres y se dirigió a la iglesia del pueblo dónde pidió para su hijo el bautizo.
El sentimiento profundo de dolor del Tempranillo fue respetado aquel día. Nadie osó intervenir para apresarle y, una vez fue oficiado el bautizo, regresó a los montes seguido de su banda en completo silencio.
En el año 1832 Fernando VII decretó un indulto en Estepa para aquellos bandoleros que quisieran reinsertarse a la sociedad y abandonar la sierra. Pactó con el Tempranillo, ofreciéndole liderar un grupo que trataría de acabar con el bandolerismo. Así, aquel que fue máximo exponente de los furtivos bandoleros en España, comenzó a perseguir aquellos hombres que no quisieron unirse a él escondiéndose en las montañas. Uno de ellos fue el veneno, que renegó de cumplir con el decreto y desafió al Tempranillo diciéndole que lo buscase en la sierra. Lo encontró en diciembre de 1832 y lo entregó a la justicia que lo llevó al cadalso poco después.
La leyenda del Tempranillo se truncó en las inmediaciones del cortijo de Buenavista en la Sierra de la Camorra junto a la localidad de Alameda en Málaga, el 22 de septiembre de 1833.Fruto de una emboscada, su grupo se vio sorprendido por un antiguo compañero de fechorías.El Barberillo, en un intercambio de fuego, acertó de lleno sobre el pecho de José María que cayó fulminado al instante.
Tenía 28 años, pero a pesar de su corta edad, su vida se apagó como si un siglo de vicisitudes pesaran sobre su alma.Su muerte no hizo más que avivar la leyenda del niño que se hizo hombre en Sierra Morena, y creció el mito de un joven de ojos grises que robaba a los ricos para dar de comer a los pobres,llamado José María Hinojosa Cobacho por todos conocido como el Tempranillo.
a estampa de José María a lomos de su caballo bayo blanco, con sus dos pistolas y su navaja sujetas a su faja, se convirtió en la estampa más temida y a la vez más admirada de toda Andalucía.



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domingo, 13 de agosto de 2017

Conicet: “Los mapuches no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes”

Estos pueblos vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y había mapuches en lo que hoy es Argentina, así como había tehuelches en lo que hoy es Chile.


Los investigadores nucleados en la Sección Etnología, perteneciente al Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires, repudiamos la represión llevada a cabo contra la Pu Lof en Resistencia, en el Departamento de Cushamen, el 11 y el 12 de enero, por Gendarmería Nacional y por la Policía de la Provincia de Chubut. Nos sumamos, de este modo, a los múltiples comunicados de repudio realizados por comunidades y organizaciones indígenas, investigadores, docentes y estudiantes, trabajadores del Estado, agrupaciones religiosas y organismos de derechos humanos.

Al mismo tiempo, comunicamos nuestra preocupación, una vez más, por la recurrencia de discursos y relatos sesgados y erróneos sobre la realidad de los pueblos indígenas actuales y sus orígenes. Como investigadores que trabajamos con pueblos originarios de Argentina y de otros países de América del Sur, respaldamos una parte sustancial de nuestras investigaciones en etnografías llevadas a cabo en los territorios comunitarios y en los márgenes de las zonas urbanas, en las que se instalaron las familias indígenas que fueron forzadas a desplazarse desde mediados del siglo pasado.

Si bien en las últimas décadas la destrucción de sus territorios intensificó las migraciones, también se da un proceso inverso y algunos deciden volver a la tierra. Este proceso de retorno —al que suelen referir como “recuperaciones”— pone al descubierto el despojo territorial que vivieron sus mayores, así como los métodos fraudulentos y violentos empleados tanto por privados como por el propio Estado.

Numerosas investigaciones antropológicas e históricas contextualizan estos procesos de despojo y permiten explicar por qué Benetton es hoy el mayor propietario de la Patagonia, en tanto que la mayoría de las comunidades indígenas territoriales se encuentran en tierras consideradas fiscales, sin títulos de propiedad comunitaria, bajo la amenaza constante de desalojo. Por lo tanto, las “recuperaciones” no son actos terroristas ni amenazas a la seguridad nacional, tal como sostiene el Ministerio de Seguridad de la Nación. Son llamados de atención sobre historias silenciadas en el relato oficial de la colonización, sobre los efectos negativos de la extranjerización de la tierra y de la intervención del capitalismo extractivista, y revelan la continuidad de la colonialidad en el presente.

Por otro lado, tal como indica el nombre de nuestro lugar de trabajo, algunos de nuestros estudios examinan las clasificaciones etnológicas, sus contextos de producción y las relaciones de poder subyacentes. Coherentes con dichas investigaciones, nos vemos en la obligación de aclarar dos enunciados fundados en el desconocimiento que, si bien son antiguos, se actualizan en estos días.

Afirmamos, por lo tanto, que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches. La mayoría de los etnónimos (nombres de los pueblos indígenas) variaron entre el siglo XVIII y el presente; algunos son nombres que se dan a sí mismos —como por ejemplo “mapuche”— y otros fueron impuestos —como es el caso de los términos “araucano” y “tehuelche”. Vale decir que “araucanos” no es el “verdadero nombre” de los mapuche ni tampoco es el nombre de los “antiguos mapuche”; es apenas el nombre que los españoles quisieron darles.

Los mapuches, por otra parte, no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina, así como había tehuelches en lo que hoy es Chile. A su vez, las alianzas matrimoniales entre unos y otros y los desplazamientos producidos por el avance de los Estados sobre sus territorios dieron lugar a que muchas familias se identifiquen en el presente como mapuche-tehuelche, tal como ocurre en la actual provincia de Chubut. Los tehuelches, por otra parte, no “se extinguieron”, sino que desde hace varios años luchan para demostrar que continúan existiendo y, en la Patagonia austral, han comenzado a identificarse en el espacio público como aonek’enk. Los responsables de su marginación e invisibilización no fueron los mapuches, sino las políticas de colonización.

Convencidos de la importancia de evitar lecturas sesgadas de la historia y del presente, en la vía para reparar injusticias y subordinaciones, invitamos a quienes deseen profundizar en el conocimiento de estos temas a considerar, en primer lugar, las voces de los propios pueblos originarios, que se expresan a través de sus organizaciones y líderes, en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Los invitamos también a consultar los numerosos estudios actualizados, disponibles en internet, mediante los cuales los investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de diversas universidades nacionales contribuimos a resolver problemas que preocupan a nuestra sociedad.

http://tiempodelsurnoticias.com/2017/08/11/conicet-los-mapuches-no-indios-chilenos-sino-pueblos-preexistentes/

viernes, 11 de agosto de 2017

Bulldog Campeiro


El Bulldog Campeiro (bordoga), es un perro de raza bulldog originario de Brasil.
Se trata de una raza antigua de perro de trabajo. La actual, desciende de los antiguos Old English Bulldog, traídos a Brasil durante el siglo XVI por los emigrantes europeos.
Su altura ideal es entre 48 y 58 cm hasta los hombros y su peso ideal es de 35 a 45 kg para machos y hembras.



Old English Bulldog - Antiguo bulldog inglés




http://www.bulldoginformation.com/buldogue-campeiro.html
http://www.bulldoginformation.com/brazilian-bulldog.html

miércoles, 2 de agosto de 2017

El Guapo del Maldonado

Parece que a fines de los años ´20, el guapo mas temido en Villa Crespo era un tal Ferreira. De contextura física robusta, traje, chambergo, pañuelo y facón le hacia de guardaespaldas a uno de los caudillos del barrio. Dicen que el hombre se tomaba tan enserio su papel, que mientras recorría los comités y los bares cercanos a San Bernardo, amedrentaba a quien se le cruzara en el camino. Poco a poco su fama de matón fue creciendo y se rumoreaba que nadie podía con el.

En ese entonces los “duelos criollos” a la vera del Maldonado – y elegían este lugar por ser descampado – eran frecuentes, los motivos casi no importaban - deudas de juego, viejos resentimientos, alguna palabra mal interpretada, desacuerdos políticos o alguna mujer en disputa - lo importante era afianzar el coraje varonil.

Demás esta decir que el duelo a muerte era penado con la cárcel o el destierro social, en caso que la policía no llegara a tiempo para arrestar al vencedor, por lo que los duelos eran a “primera sangre” y en lo posible dejando cicatrices en un lugar vistoso como ser el rostro, cosa que el derrotado no olvidara nunca al vencedor.

A Ferreira por su fama no muchos se le animaban, los que no eran sus sequitos simplemente miraban para otro lado al verlo pasar no sea cosa que los retara a duelo. Un buen día, el carnicero del barrio se cruzo en su camino y por algún motivo que no queda claro Ferreira lo reto, al susodicho no le quedo más remedio que aceptar. Así fue como se encaminaron a un descampado y seguidos por sus acompañantes y público casual, sacaron sus cuchillos para disponerse a pelear. El Guapo empuñaba su facón de plata y el humilde contrincante el cuchillo que usaba diariamente en la carnicería para faenar reces, Ferreira nunca evalúo la destreza en el manejo de la herramienta de trabajo, que en un abrir y cerrar de ojos cerceno su mano por completo de una sola cuchillada. Así fue como el hábil carnicero al ver volar la mano derecha de Ferreira aferrada al puño del cuchillo, se dio media vuelta y se perdió en la inmensidad de la noche bordeando el arroyo de regreso a la carnicería. Y ahí quedo el malevo, abatido y en busca de su miembro en los pastizales, pronto los absortos espectadores alumbrando con fósforos el suelo, lo ayudarían a buscar por el puro morbo de hallar tan escabroso trofeo.

Pero la fama ya estaba echada y a pesar de que los vecinos cambiaran su apodo de “guapo” a “manco” Ferreira seguía intimidando con la frente alta y su muñón en el bolsillo. Claro está que su arma ya no era un facón, esto debido a que junto con su derecha se fue la destreza para el manejo del mismo, por lo que el arma tubo que ser reemplazada por un revolver que guardaba del lado izquierdo del saco y cada tanto sacaba por el solo hecho de asustar.

Un buen día, se encontraba tomando una ginebra en un almacén esquinera en Thames y Triunvirato, cuando ve entrar a un parroquiano que no le gustaba que anduviese por el barrio, así que con determinación exhibió su revolver como era de costumbre y con vos firme le ordeno que no volviera mas por Villa Crespo, el hombre amenazado lejos de de acatar la orden del manco, saco su revolver y sin mediar palabra, a manera de respuesta disparo dos tiros y se marcho.

Dicen los que saben que en ese preciso momento nació una leyenda, y que al afamado guardaespaldas ya no le dirían ni “guapo” ni “manco”, desde ese momento seria llamado “el difunto Ferreira”.

http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/03/

Archivo http://elranchodefierro.magix.net/public/index.html

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